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	<title>Airin's Blog</title>
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	<description>Cocinando para Ken-chan con Pi y Gingy</description>
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		<title>Los hijos duelen</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2009 17:08:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde pequeña, mi madre siempre ha dicho que yo soy una de esas personas que muestra gran resistencia ante el dolor físico y no llora fácilmente.  Cada vez que sufría algún golpe, torcedura o caída, me los aguantaba en silencio asumiendo una actitud de casi total desinterés hacia la lesión.  Eso se vio reforzado cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde pequeña, mi madre siempre ha dicho que yo soy una de esas personas que muestra gran resistencia ante el dolor físico y no llora fácilmente.  Cada vez que sufría algún golpe, torcedura o caída, me los aguantaba en silencio asumiendo una actitud de casi total desinterés hacia la lesión.  Eso se vio reforzado cuando inicié la práctica de artes marciales a los 12 años.  El entrenamiento era bastante arduo y exigente, pero fascinante y adictivo.  Lamentablemente, me retiré a temprana edad de tan apasionante práctica debido a una lesión en la columna vertebral, que se vio agravada por seguir practicando (a pesar de la lesión) durante varios meses después de haber sufrido una seria lumbalgia.</p>
<p><span id="more-58"></span></p>
<p>A pesar de ello, al salir embarazada no pude evitar sentir cierto temor al dolor que me esperaría durante la labor de parto; temor que se vio incrementado al recordar las escenas de tantas películas que he visto en las que las mujeres que están dando a luz se retuercen, gritan y lloran de dolor.  Aun así, trataba de convencerme (aunque sin mucho éxito) de que el parto sólo sería una prueba más en la que la mente podría dominar al dolor (al final de cuentas no puedo dominarlo, ¡pero bue&#8217;&#8230;!).</p>
<p>Y como no hay plazo que no se cumpla, el domingo 8 de marzo mi cuerpo empezó a dar señales de que el momento de la verdad estaba realmente muy cerca.  Apenas inicié la (verdadera) labor de parto (desde dilatación uno) hasta ahora, no he dejado de sufrir algún dolor en alguna parte del cuerpo.  El trabajo de parto me hizo ver que hay un nivel de dolor extremadamente elevado que no sabía que pudiera existir.  Sé que todas las mujeres que hemos pasado por un parto natural hemos atravesado por experiencias distintas; sé de mujeres que no han sentido mayores dolores o molestias, mientras que otras me dicen que sufrieron mucho.  Yo pertenezco al segundo grupo, sin duda alguna.</p>
<p>Cuando los dolores eran tan fuertes que me hacían cerrar fuertemente los ojos para tratar de &#8220;despegarme de este mundo&#8221;, recién iba en dilatación dos (no sé cómo, pero de alguna forma debía llegar a 10&#8230;).  Eso hizo que me rindiera ante el dolor y que en dilatación tres aceptara que me inyectaran los analgésicos (su misma aplicación me hizo saltar de dolor).  Las contracciones seguían su curso y cuando estaba en las tres últimas horas se hicieron aun más insoportables.  Me retorcía, gemía (tratando de hacerlo lo más silenciosamente posible para no espantar a otras pacientes) y hasta derramaba lágrimas.  En esos momentos, más de una persona me ofreció su mano para estrechársela (entiéndase estrujársela) durante los dolores, pero me concienticé en no hacerlo por temor a romperles (literalmente) los dedos.  ¡Cómo deseaba que todo acabara!  Aunque suene ridículo, ¡hasta me estaba arrepintiendo de estar ahí!</p>
<p>Cuando iba en dilatación nueve, se me ocurrió la &#8220;brillante&#8221; idea de pedir a gritos cesárea (aunque no llegué a solicitarlo).  Pero en verdad ya era muy tarde para eso, pues mi ginecóloga me había preparado hasta ese momento, arduamente y durante horas, para el gran momento.   Una vez que ella ayudó a mi bebé a posicionarse (justo sobre la dilatación 10), fui llevada rápidamente a la sala de partos.  Cuando iba a traspasarme de una camilla hacia la otra, sentí que la cabeza de mi hijo presionaba fuertemente por salir y no pude evitar gritar de dolor y desesperación, y la epidural (y sus dos refuerzos) no podía mitigarlo.  El dolor hasta entonces había sido insorportable, pero el que estaba sintiendo en ese preciso momento rebasaba todo límite y me acercaba (según yo) a la muerte misma.</p>
<p>Confieso que yo misma me desconocí.  Mi voz no era mi voz, eran gritos llenos de angustia que llenaban la habitación de más tensión (al menos para mi esposo y para mí, pues imagino que el personal médico habrá visto y oído de todo hasta hoy).  La expulsión de mi bebé en sí fue rápida, pero la etapa siguiente a ésta también fue muy dolorosa e incómoda (la extracción de la placenta, principalmente).</p>
<p>Hoy, más de una semana después del nacimiento de Daniel Ken, me encuentro en casa disfrutando de las miraditas curiosas, &#8220;guiños&#8221; y lloriqueos de mi hijito.  Lo amo mucho y quiero darle lo mejor de mí; entre los obsequios que estoy dispuesta a darle sin si siquiera dudarlo, está su lechecita materna.  Pero es tanto su vigor a la hora de succionar, que me ha dejado múltiples heridas en ambos lados, que no llegan a cicatrizar por el &#8220;uso continuo&#8221;.  El hijo me sigue doliendo hasta hoy de esa manera.  El dolor tampoco es sutil, pues hasta me ha hecho derramar lágrimas en dos o tres oportunidades.  Ello me ha obligado a hacer uso de un extractor manual de leche materna, para poder ofrecérsela luego en un biberón.  Confieso que me siento un poco culpable al hacerle usar biberón (pues quería evitar hacerlo en lo posible), pero deseo que todas mis heridas sequen y sanen para poder reanudar la distribución de leche en &#8220;envase original y directo de fábrica&#8221; sin tener que seguir recurriendo al &#8220;cambio de empaque&#8221; en la leche.  Estoy segura que de esa manera la experiencia de dar de lactar y los momentos que pasemos pecho contra pecho juntitos, serán mucho más significativos y ayudarán a estrechar nuestros lazos aun más.</p>
<p>Es por eso que he llegado a la conclusión de que los hijos duelen.  Cuando él crezca y deje de dolerme físicamente, seguramente que ocasionalmente me dolerá en el alma no poder aliviar su angustia, resolver sus problemas, atenuar sus frustraciones o borrar su tristeza.  Pero ahí estaré, para ofrecerle mi hombro o unas palabras de aliento&#8230; porque así como me dolió tenerlo, lo adoro hasta el infinito.</p>
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		<title>Todo lo tenía fríamente calculado</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2009 15:54:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Se dice que a las primerizas se les puede adelantar el trabajo de parto hasta dos semanas&#8230; o incluso retrasárseles el mismo tiempo.  Desde que oí eso, siempre tuve la idea de que se daría el primero de estos casos en mí y que mi hijito nacería justo a tiempo para que su tía Toki [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-62" title="p1080289" src="http://airin.castagnetto.com/wp-content/uploads/2009/03/p1080289-300x224.jpg" alt="p1080289" width="240" height="179" />Se dice que a las primerizas se les puede adelantar el trabajo de parto hasta dos semanas&#8230; o incluso retrasárseles el mismo tiempo.  Desde que oí eso, siempre tuve la idea de que se daría el primero de estos casos en mí y que mi hijito nacería justo a tiempo para que su tía Toki (quien regresaba a los EUA a fines de febrero) lo pudiera conocer.</p>
<p><span id="more-59"></span></p>
<p>Mi cuñada Toki partió con mis sobrinitos Thomas y Alex hacia Detroit sin haber podido conocer a mi hijo, quien no nació en la semana 38 ó 39 como yo había esperado.  Mi ginecóloga ya me había advertido que ella no consideraba saludable esperar más de las 41 semanas.  En el caso de llegar a la semana 41 sin ninguna novedad, ella inmediatamente me induciría el parto.  Por mi parte, como consideraba que mi barriga no era tan grande como la de otras mamis que he visto, no tenía tanto apuro en que naciera mi hijo porque no significaba un peso insoportable.</p>
<p>Sin embargo, los días pasaban y no había indicios de que mi hijo estuviera preparado (fisiológicamente) para nacer.  Entramos a marzo, pasamos sin dificultad su FPP (fecha probable de parto, que era el 2 de marzo) y, por supuesto, tampoco &#8220;encajaba&#8221; su cabecita.  Es decir, yo seguía con la panza arriba.  Lo preocupante era que el bebé no se sintiera listo para nacer a pesar que había sobrepasado las 40 semanas, pues ello podría significar algún problema con él, el cordón, la placenta u otros.  Algo ya me estaba diciendo que yo me iría de largo hasta la semana 42, cosa que no era la más saludable pues el bebé seguiría creciendo, dificultando así la labor de parto.</p>
<p>El día domingo 8 de marzo, amanecí con cólicos.  Sucede que la noche anterior nos mandamos un atracón en familia, cuando salimos a festejar el cumpleaños de mi hermano David.  Comimos tan rico, que atribuí los dolores en el vientre a un problema digestivo.  Pero luego apareció una señal inminente:  perdí parte del tapón mucoso.  Hasta entonces me habían explicado cómo luce, pero no imaginaba cómo era en realidad.  Pero apenas lo vi, ya no tuve dudas de que el momento estaba muy cerca.  Entonces, empecé a atar cabos sueltos.  ¿No sería que mis cólicos (supuestamente de gases) eran en realidad contracciones?</p>
<p>Como madre primigesta, no tenía ni la más remota idea de cómo se sentía una contracción.  Con el transcurrir de las horas me convencí de que los cólicos eran contracciones aún irregulares.  Estuvieron presentes durante todo el día, aunque sin causar mayores molestias.  La noche del domingo, ya cerca del cambio de fecha a lunes, empecé a sentir dolores más intensos.  Mi idea era descansar, dormir todo lo que pudiera (mientras pudiera) hasta que llegara el momento adecuado para ir a la clínica.  Pero el dolor hacía imposible poder conciliar el sueño.  Fue entonces que se me rompió la fuente, y no me quedó otra opción que ir pronto a la clínica para ser atendida y monitoreada por personal especializado.</p>
<p>Ya allí, me confirmaron que estaba en dilatación dos, así que empezaron a monitorear mis contracciones y las pulsaciones del bebé, ajustando a mi barriga dos dispositivos con un par de bandas elásticas muy ajustadas que no hacían otra cosa que aumentar la incomodidad.  Las horas pasaban y el dolor era cada vez peor, lo cual me hacía presumir que yo ya estaría en dilatación ocho o nueve&#8230; para mi sorpresa, no había pasado de dos y ya la consideraba muy dolorosa.  Cuando avancé a dilatación tres, pedí la epidural.  Ése fue otro pequeño martirio.  Alguien alguna vez me dijo que no dolía&#8230; a mí sí me dolió e incomodó mucho, pero al menos después me permitió relajarme por un par de horas.  Como debía permanecer de cúbito dorsal inmediatamente después de su aplicación (para asegurarse que la anestesia circulara de manera uniforme), nuevamente sufrí el síndrome de hipotensión supina con la consecuente alarmante disminución pronunciada del ritmo cardiaco de mi bebé (nuevamente, a mucho menos de la mitad).  Ya con cierta experiencia en el tema, dados los episodios anteriores durante mis dos últimas visitas al ecografista, simplemente optamos por cambiar mi posición (sobre mi costado izquierdo) para que todo se reestableciera poco a poco.</p>
<p>Las horas avanzaban y no tenía otro consuelo que la presencia de mi esposo, quien se quedó las trece horas conmigo sin separarse de mí y casi sin probar alimento.  Más allá, en otros ambientes, mi mamá permanecía atenta a cualquier información que alguien pudiera brindarle mientras esperaba sentada en un sillón incomodísimo (¡pobre espalda!).  Como a muchas otras mujeres les habrá sucedido, durante la etapa dolorosa sentí rechazo a que mi esposo me hablara o tocara, como si inconscientemente estuviera culpándolo por no poder compartir físicamente tanto dolor conmigo.  Pero el solo hecho de saber que él estaba a mi lado, era suficiente para no sentirme tan sola con tanta carga a cuestas.</p>
<p>Los últimos momentos fueron los peores.  Fue ahí cuando recibí el refuerzo de la epidural y mi ginecóloga ayudó al bebé a girar para ponerse en la posición adecuada para el parto.  Fui llevada a sala de partos en medio de un mar de dolor tan insorpotable, que sentía que moriría o me desvanecería en cualquier momento.  Cuando me dieron la indicación de pujar fuerte, lo hice con todas mis fuerzas (a pesar del intenso dolor), sólo para que mi hijo pudiera salir en la menor cantidad de pujos posibles y aliviar el sufrimiento cuanto antes.  Mucho (o tal vez todo) dependía de mí.  Y así fue; no los conté (porque mi mente estaba en otro sitio), pero mi esposo sí.  Daniel Ken salió a la tercera.</p>
<p>Mi ginecóloga estaba bastante satisfecha pues mi hijo salió de mi vientre con su agenda bien programada.  Justo el mismo día que cumplí las 41 semanas de embarazo, él se decidió a nacer.  Es más, también estaba contenta porque la labor de parto duró 13 horas, cumpliendo todas las etapas exactamente en los tiempos previstos.  Ya con el correr de los días, mi hijito nos volvió a asombrar con su agenda súper programada:  Justo el día que cumplió su primera semana de nacido, su cordón umbilical se desprendió.</p>
<p>Este muchachito va a ser muy detallista de grande (mi ginecóloga dice que será científico).  Si bien nació calatito, no olvidó traer bajo el brazo su agenda con cálculos precisos de todos sus tiempos.  Y sí que los hace cumplir, porque todo lo tiene bien calculado.</p>
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		<title>Cinco, cuatro, tres, dos&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Feb 2009 23:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Daniel]]></category>

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		<description><![CDATA[Estoy en cuenta regresiva.  Cada día que pasa &#8220;sin novedad&#8221; es un gran alivio, ya que estoy advertida por todos lados que he de aprovechar las últimas noches que me quedan de sueño profundo (aunque eso de &#8220;profundo&#8221; no es del todo cierto, ya que mi sueño se interrumpe un promedio de cinco veces para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy en cuenta regresiva.  Cada día que pasa &#8220;sin novedad&#8221; es un gran alivio, ya que estoy advertida por todos lados que he de aprovechar las últimas noches que me quedan de sueño profundo (aunque eso de &#8220;profundo&#8221; no es del todo cierto, ya que mi sueño se interrumpe un promedio de cinco veces para ir a orinar durante la noche), así como los últimos días sin mayores preocupaciones&#8230; hasta que &#8220;mijo&#8221; aterrice entre nosotros, rompa en llanto, haga mucha caca, tome mucha leche y nos ponga el mundo patas arriba a Maki y a mí.</p>
<p>Oficialmente, a la fecha (25.feb.09) estoy en la semana 39 con dos días de gestación y no hay indicios de que fuera a nacer hoy o mañana.  Aún no ha encajado y eso -repito- es un alivio.  Me da tiempo para seguir haciendo mis cosas y &#8220;ordenar&#8221; (¿?) la casa con calma.<span id="more-43"></span></p>
<p>El hecho de prepararse a recibir a un bebé, es un poco como esperar la visita de un familiar.  Digo esto, en el sentido de que Maki y yo estamos en los preparativos para que esa llegada (y laaaaaaaaaaaarga estadía) sea del agrado del huésped.  Con &#8220;preparativos&#8221; entiéndase:  limpieza más profunda, cambio de la distribución del mobiliario, preparación de los utensilios que utilizará la &#8220;visita&#8221;, adquisición de cuanta cosa sea necesaria, abastecimiento más consciente de la despensa (considerando que ya no podremos salir de compras con la misma libertad que hasta ahora), lavado de ropita enana con &#8220;Caricia&#8221;, etc.  Lo que no nos ha dicho la &#8220;visita&#8221; es qué día llegará.  Claro, como viene al mundo totalmente &#8220;pelado&#8221;, sin celular, ni acceso a internet, pues a los anfitriones sólo nos queda esperar a que &#8220;toque el timbre&#8221; y diga:  &#8220;Ya toy acá, ¿ónde duemo?  Quello caca.&#8221;.</p>
<p>Felizmente, mi mamá podrá venir a quedarse con nosotros por algunas semanas para darnos una mano (dos, en realidad).  Eso da bastante seguridad, en vista que ella ha criado a tres hijos (aunque dice que no se acuerda de nada de esas experiencias TAN maravillosas) y ha cambiado pañales a tres nietos (de eso felizmente sí se acuerda porque ha sido durante el presente milenio).</p>
<p>El tiempo, el buen criterio, los conocimientos adquiridos y la práctica (por sobre todo) lo dirán todo.  No nos harán expertos, pero al menos nos ayudarán a ir venciendo cada reto y a completar cada etapa del desarrollo de &#8220;mijo&#8221;.</p>
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		<title>La vida nos lleva por muchos sitios</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 05:57:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amigos]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
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		<description><![CDATA[Indudablemente, la vida está llena de sorpresas, así como de momentos de todo calibre y sabor.  Puedo decir con toda certeza que en el aspecto laboral he tenido siempre suerte porque en todo centro de labores en el cual he &#8220;aterrizado&#8221; he obtenido bastantes experiencias enriquecedoras y ganado excelentes amistades.
Durante nuestra corta o larga vida, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Indudablemente, la vida está llena de sorpresas, así como de momentos de todo calibre y sabor.  Puedo decir con toda certeza que en el aspecto laboral he tenido siempre suerte porque en todo centro de labores en el cual he &#8220;aterrizado&#8221; he obtenido bastantes experiencias enriquecedoras y ganado excelentes amistades.</p>
<p>Durante nuestra corta o larga vida, nos cruzamos con cientos de miles de personas, pero no todos los encuentros resultan ser igualmente significativos.  Allá entre el 2002 &#8211; 2006 tuve la oportunidad de trabajar en el órgano de gobierno del &#8220;pejota&#8221; (Poder Judicial, por sus siglas P.J.).  El pejota es un mundo enmarañado de procesos lentos, atiborrado de papeles y documentos por doquier.  Pero entre tantos papeles y trámites, conocí a dos excelentes personas que marcaron mi vida por su nobleza y brillante inteligencia.  Fechi y Oca son de las personas que analizan cada situación de manera extraordinaria y te hacen ver las cosas desde diversas perspectivas.  Ambos de personalidades muy distintas, pero de gran corazón, me ofrecieron su amistad (la cual hasta hoy mantenemos, aunque un poco más alejados).<span id="more-15"></span></p>
<p>Siempre es bonito recordar aquellos tiempos en los que pasábamos largos minutos conversando (temas laborales, personales, familiares), matándonos de risa, desfogando nuestras frustraciones o intercambiando nuestras inquietudes mutuamente.  Las labores siempre fueron arduas y nos exigíamos constantemente un trabajo de calidad.  Cada uno sabía cuánto iba a rendir el otro y eso hacía que fuéramos un equipo de trabajo muy compenetrado.</p>
<p>A sólo un mes de haber ingresado al &#8220;pejota&#8221;, Oca y Fechi decidieron llevarme a festejar mi cumpleaños.  De manera muy considerada, me preguntaron qué comida deseaba comer.  Con toda sinceridad, les dije que me fascinaba la comida italiana, así que a la hora del almuerzo me llevaron a un exclusivo restaurante de comida italiana, donde la pasé de lo lindo.  Tras el fabuloso almuerzo volvimos todos a la oficina muy felices y contentos (al menos yo sí) y, como era obvio, me enfrasqué nuevamente en mis faenas para &#8220;seguir luchando por la justicia&#8221;.  Por el lado de ellos, se encerraron en su oficina y&#8230; creo que ahí dentro &#8220;fracturaron&#8221; a más de un mueble.  ¿La razón?</p>
<p>Ese día, ambos muy caballerosos, habían pagado la cuenta en silencio para hacerme sentir como parte de la familia.  Sin embargo, varios años después, ya con una amistad mucho mejor forjada y con vínculos de confianza más fortalecidos, me &#8220;confesaron&#8221; su verdad:  ese almuerzo en realidad les había causado úlceras en sus billeteras y me reprendieron en retrospectiva &#8220;por haber escogido comida italiana&#8221;.  Yo no pude hacer más que reír&#8230;  Total, ya había pasado tanto tiempo y no quedaba otra que reiterarles -entre risa y risa- mi agradecimiento por tan inolvidable momento.</p>
<p>Lo que jamás les dije fue que el más rico de todos los platos que probamos ese día vino al final, al sellar un pacto de mutua confianza; además de amistad fraterna, eterna e incondicional con esos dos caballeros.  Gracias amigos míos, yo siempre los llevo en mi mente y en mi corazón.</p>
<p>Tal vez la próxima pueda ser un pan con chicharrón no más.</p>
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		<title>Cada patadita cuenta</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 05:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[ecografía]]></category>
		<category><![CDATA[embarazo]]></category>

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		<description><![CDATA[Alrededor del cuarto mes de embarazo, empecé a sentir sus movimientos.  Al principio, tenía la sensación de que mis órganos internos estuvieran &#8220;palpitando&#8221;, pero yo sabía que se trataba del ser que iba creciendo dentro de mí.  Con el tiempo, esas palpitaciones se fueron incrementando en frecuencia y en intensidad; a tal punto, que últimamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alrededor del cuarto mes de embarazo, empecé a sentir sus movimientos.  Al principio, tenía la sensación de que mis órganos internos estuvieran &#8220;palpitando&#8221;, pero yo sabía que se trataba del ser que iba creciendo dentro de mí.  Con el tiempo, esas palpitaciones se fueron incrementando en frecuencia y en intensidad; a tal punto, que últimamente me hace sentir agudos hincones en la vejiga.  Si bien el dolor es bastante fuerte y me hace detener la marcha, sé que el jovencito Daniel está &#8220;ejercitándose&#8221; en su gimnasio privado y que cada vez se hace más fuerte.<span id="more-23"></span></p>
<p>Y pensar que Daniel iba a ser &#8220;Daniel+a = Daniela&#8221;.  Desde un principio todo hacía indicar que nuestro hijo sería hija.  La ginecóloga hizo sus cálculos tomando el día de fecundación con respecto al día de ovulación.  A partir de ello, determinó que existían probabilidades altas de que se tratara de una niña.  Meses después, durante la ecografía, el especialista nos dijo que el cordón umbilical pasaba justo entre las piernas e imposibilitaba ver el sexo del bebé.  Pero que, dado que no notaba ningún abultamiento (testículos) saliendo por un costado del cordón, podríamos suponer de que se trataba de una niña.</p>
<p>Como ya es típico en varias culturas, muchas personas pretendían saber cuál era el sexo del bebé con sólo ver la forma de mi barriga.  Yo insistía y sigo insistiendo en que la forma de la barriga no tiene absolutamente nada que ver con el sexo del bebé.  Mucho depende de la posición que adopte el bebé, la ubicación de la placenta y otros factores.</p>
<p>Al sétimo mes fuimos a nuestra siguiente ecografía, pero esta vez acompañados de mi mamá para que pudiera oír en vivo y en directo la REconfirmación de que se trataba de una nieta.  Grande fue nuestra sorpresa cuando el ecografista dijo:  &#8220;Acá están las pelotas y éste es el cucurucho&#8221;.  Al principio pensé que estaba bromeando, pero no era así.  Volvió a señalar (yo no sé cómo distinguen estas personas qué es qué en una ecografía; yo sigo viendo manchas grises, blanquecinas y negras) los genitales de nuestro bebé.</p>
<p>Ambas abuelas esperaban con ansias tener una nieta; la abuela materna quería que el marcador quedara &#8220;empatado&#8221; 2-2, mientras que la abuela paterna esperaba su primera nieta después de dos nietos varones por parte de las hermanas de Maki.  Mis cuñadas ya me habían regalado ropa para mujer (entiéndase floreada y/o rosada)&#8230;  algunas las he devuelto, otras prendas las he guardado &#8220;por si acaso&#8221;.  No sé &#8220;por si acaso qué&#8221;, pero imagino que aún cabe la posibilidad de que en la última ecografía nos digan que todo había sido un error y que en realidad se trataba de una niña; o qué sé yo&#8230; que esperemos al segundo intento.</p>
<p>Por mi parte, estoy feliz de que sea niño y los motivos son varios.  Al final, todos hemos podido coincidir en que lo importante es que nazca una criatura sana y sin ninguna complicación.</p>
<p>Así que&#8230; ¡Que las pataditas sigan!</p>
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		<title>Mi gran amor y mis dos primeros &#8220;hijitos&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2009 21:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-86" title="p1040508mini" src="http://airin.castagnetto.com/wp-content/uploads/2009/02/p1040508mini-224x300.jpg" alt="p1040508mini" width="136" height="182" />Gingy y Pi se llaman los personajes con los que compartimos la cama cada noche mi esposo y yo (al menos, hasta que el hijo salga al mundo exterior y los haga pasar a un segundo plano).  Gingy es la galletita de gengibre que acompaña a Shrek en sus aventuras y Pi (π) es el nombre con el que bauticé al elefantito azul de PHP (lenguaje de programación).  Pi tiene una historia &#8220;internacional&#8221;&#8230;  Cuando yo iba por los cinco meses de embarazo, tuve la oportunidad de viajar a Igua<!--[if gte mso 9]><xml> <w :WordDocument> </w><w :View>Normal</w> <w :Zoom>0</w> <w :HyphenationZone>21</w> <w :Compatibility> <w :BreakWrappedTables /> <w :SnapToGridInCell /> <w :WrapTextWithPunct /> <w :UseAsianBreakRules /> <w :UseFELayout /> </w> <w :BrowserLevel>MicrosoftInternetExplorer4</w> </xml>< ![endif]--><!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:SimSun; 	panose-1:2 1 6 0 3 1 1 1 1 1; 	mso-font-alt:宋体; 	mso-font-charset:134; 	mso-generic-font-family:auto; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 680460288 22 0 262145 0;} @font-face 	{font-family:"\@SimSun"; 	panose-1:2 1 6 0 3 1 1 1 1 1; 	mso-font-charset:134; 	mso-generic-font-family:auto; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:3 680460288 22 0 262145 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:Arial; 	mso-fareast-font-family:SimSun; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-language:ZH-CN;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --><!--[if gte mso 10]> <mce :style>< !   /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman";} --><!--[endif]-->zú con mi esposo, quien iba a dar unas charlas en Latinoware, un evento internacional para los fanáticos de PEAR, MySQL, PHP, Debian, Python, etc.  Mayormente, para los seguidores del código libre.</p>
<p><span id="more-9"></span>A su regreso de uno de los maratónicos días de charlas y conferencias, mi esposo me comentó que había encontrado a un amigo que vendía peluchitos del elefantito de PHP y que le había pedido que le trajera uno al día siguiente para que se lo vendiera, y así poder obsequiármelo.  Al principio, no me llamó mucho la atención la idea, pero he de reconocer que ese elefantito rápidamente se robó mi corazón.  Pi es un enano de unos 15cm de altura que llegó a mis brazos en un hotel de carretera, en Iguazú.  A partir de esa misma noche, Pi &#8220;toma vida&#8221; en la voz de Maki.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-85" title="p1080451mini" src="http://airin.castagnetto.com/wp-content/uploads/2009/02/p1080451mini-300x224.jpg" alt="p1080451mini" width="189" height="141" />Así es, como ustedes lo leen:  cada noche y cada mañana, mi esposo me saluda cogiendo a Gingy y luego a Pi (o viceversa) y jugamos a que son nuestros hijos.  Gingy, por tener forma humana, sí puede hablar; pero Pi, que es un elefantito azul, sólo puede decir &#8220;Wiiii&#8230; wiii&#8230; wiii&#8230;&#8221;.  Es realmente tierno ver a mi esposo haciendo eso para arrancarme una sonrisa o hacerme reír.  Son esos pequeños detalles y momentos que te endulzan la vida los que te hacen querer cada vez más al ser amado.</p>
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		<title>Un descansito &#8220;antes de&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2009 20:30:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Airin Kawasaki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[cuna]]></category>
		<category><![CDATA[esposos]]></category>
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		<description><![CDATA[Sin haber sido realmente planificado, resulta que Maki y yo pronto seremos oficialmente papitos de Daniel (lo somos de manera extraoficial desde hace más de ocho meses atrás).  ¡Vaya experiencia la que nos espera!  Estos días me estoy dedicando a descansar en casa, mientras lavo ropita talla &#8220;0&#8243;, armo -con mucha dificultad- la cunita que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sin haber sido realmente planificado, resulta que Maki y yo pronto seremos oficialmente papitos de Daniel (lo somos de manera extraoficial desde hace más de ocho meses atrás).  ¡Vaya experiencia la que nos espera!  Estos días me estoy dedicando a descansar en casa, mientras lavo ropita talla &#8220;0&#8243;, armo -con mucha dificultad- la cunita que usará mi hijo (es que usa un tocuyo tupidísimo y hay que atravesar cuatro capas superpuestas de tocuyo con 10 inmensos y gruesos imperdibles), lavo otros utensilios y juguetes, preparo las maletitas (al menos de Daniel y de la mami), etc.  Así de a poquitos, Maki y yo hemos ido completando al menos lo básico para poder recibir a nuestro &#8220;chatito&#8221; en casa.  Pero claro, todo eso no lo hubiéramos podido hacer solos, si no fuera gracias a la invalorable ayuda de la familia y las amistades.</p>
<p><span id="more-17"></span>Normalmente adicta al trabajo y lidiando con sentimientos de culpabilidad cada vez que tomaba vacaciones, ahora estoy descansando de manera obligada.  Y me cayó a pelo, porque ahora sí tengo tiempo para mí, para el hijo que pronto vendrá, para el esposo, para la casa, para planificar tantas cosas y para dedicarme a escribir estas líneas.</p>
<p>Es gracioso cómo las personas que nos rodean nos dan sugerencias acerca de cómo afrontar las primeras semanas o meses del nacimiento.  Coinciden todos en decir:  &#8220;Duerme ahora todo lo que puedas, porque luego ya no podrás&#8221;.  En realidad, eso es algo que nos tocará vivir en su momento, así que dentro de poco lo podremos saborear (aunque yo le echaría un poquito de leche condensada para endulzar esos momentos).</p>
<p>De todas formas, para una pareja de esposos que seremos padres primerizos, la venida del primer hijo (o hija) trae mucha incertidumbre, dudas y temores.  Sólo espero de él que sea un Danielito sano y bien formado en valores para que sepa valorar aquello que la vida pueda brindarle.  Y de nosotros los padres, espero que podamos ser buenos guías y grandes amigos de Daniel.  Seguramente seguiremos recibiendo consejos sabios de padres más experimentados.  ¡Bienvenidos serán!</p>
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