Cinco, cuatro, tres, dos…

Estoy en cuenta regresiva.  Cada día que pasa “sin novedad” es un gran alivio, ya que estoy advertida por todos lados que he de aprovechar las últimas noches que me quedan de sueño profundo (aunque eso de “profundo” no es del todo cierto, ya que mi sueño se interrumpe un promedio de cinco veces para ir a orinar durante la noche), así como los últimos días sin mayores preocupaciones… hasta que “mijo” aterrice entre nosotros, rompa en llanto, haga mucha caca, tome mucha leche y nos ponga el mundo patas arriba a Maki y a mí.

Oficialmente, a la fecha (25.feb.09) estoy en la semana 39 con dos días de gestación y no hay indicios de que fuera a nacer hoy o mañana.  Aún no ha encajado y eso -repito- es un alivio.  Me da tiempo para seguir haciendo mis cosas y “ordenar” (¿?) la casa con calma.

El hecho de prepararse a recibir a un bebé, es un poco como esperar la visita de un familiar.  Digo esto, en el sentido de que Maki y yo estamos en los preparativos para que esa llegada (y laaaaaaaaaaaarga estadía) sea del agrado del huésped.  Con “preparativos” entiéndase:  limpieza más profunda, cambio de la distribución del mobiliario, preparación de los utensilios que utilizará la “visita”, adquisición de cuanta cosa sea necesaria, abastecimiento más consciente de la despensa (considerando que ya no podremos salir de compras con la misma libertad que hasta ahora), lavado de ropita enana con “Caricia”, etc.  Lo que no nos ha dicho la “visita” es qué día llegará.  Claro, como viene al mundo totalmente “pelado”, sin celular, ni acceso a internet, pues a los anfitriones sólo nos queda esperar a que “toque el timbre” y diga:  “Ya toy acá, ¿ónde duemo?  Quello caca.”.

Felizmente, mi mamá podrá venir a quedarse con nosotros por algunas semanas para darnos una mano (dos, en realidad).  Eso da bastante seguridad, en vista que ella ha criado a tres hijos (aunque dice que no se acuerda de nada de esas experiencias TAN maravillosas) y ha cambiado pañales a tres nietos (de eso felizmente sí se acuerda porque ha sido durante el presente milenio).

El tiempo, el buen criterio, los conocimientos adquiridos y la práctica (por sobre todo) lo dirán todo.  No nos harán expertos, pero al menos nos ayudarán a ir venciendo cada reto y a completar cada etapa del desarrollo de “mijo”.