Cada patadita cuenta
Alrededor del cuarto mes de embarazo, empecé a sentir sus movimientos. Al principio, tenía la sensación de que mis órganos internos estuvieran “palpitando”, pero yo sabía que se trataba del ser que iba creciendo dentro de mí. Con el tiempo, esas palpitaciones se fueron incrementando en frecuencia y en intensidad; a tal punto, que últimamente me hace sentir agudos hincones en la vejiga. Si bien el dolor es bastante fuerte y me hace detener la marcha, sé que el jovencito Daniel está “ejercitándose” en su gimnasio privado y que cada vez se hace más fuerte.
Y pensar que Daniel iba a ser “Daniel+a = Daniela”. Desde un principio todo hacía indicar que nuestro hijo sería hija. La ginecóloga hizo sus cálculos tomando el día de fecundación con respecto al día de ovulación. A partir de ello, determinó que existían probabilidades altas de que se tratara de una niña. Meses después, durante la ecografía, el especialista nos dijo que el cordón umbilical pasaba justo entre las piernas e imposibilitaba ver el sexo del bebé. Pero que, dado que no notaba ningún abultamiento (testículos) saliendo por un costado del cordón, podríamos suponer de que se trataba de una niña.
Como ya es típico en varias culturas, muchas personas pretendían saber cuál era el sexo del bebé con sólo ver la forma de mi barriga. Yo insistía y sigo insistiendo en que la forma de la barriga no tiene absolutamente nada que ver con el sexo del bebé. Mucho depende de la posición que adopte el bebé, la ubicación de la placenta y otros factores.
Al sétimo mes fuimos a nuestra siguiente ecografía, pero esta vez acompañados de mi mamá para que pudiera oír en vivo y en directo la REconfirmación de que se trataba de una nieta. Grande fue nuestra sorpresa cuando el ecografista dijo: “Acá están las pelotas y éste es el cucurucho”. Al principio pensé que estaba bromeando, pero no era así. Volvió a señalar (yo no sé cómo distinguen estas personas qué es qué en una ecografía; yo sigo viendo manchas grises, blanquecinas y negras) los genitales de nuestro bebé.
Ambas abuelas esperaban con ansias tener una nieta; la abuela materna quería que el marcador quedara “empatado” 2-2, mientras que la abuela paterna esperaba su primera nieta después de dos nietos varones por parte de las hermanas de Maki. Mis cuñadas ya me habían regalado ropa para mujer (entiéndase floreada y/o rosada)… algunas las he devuelto, otras prendas las he guardado “por si acaso”. No sé “por si acaso qué”, pero imagino que aún cabe la posibilidad de que en la última ecografía nos digan que todo había sido un error y que en realidad se trataba de una niña; o qué sé yo… que esperemos al segundo intento.
Por mi parte, estoy feliz de que sea niño y los motivos son varios. Al final, todos hemos podido coincidir en que lo importante es que nazca una criatura sana y sin ninguna complicación.
Así que… ¡Que las pataditas sigan!
