Mi gran amor y mis dos primeros “hijitos”
Gingy y Pi se llaman los personajes con los que compartimos la cama cada noche mi esposo y yo (al menos, hasta que el hijo salga al mundo exterior y los haga pasar a un segundo plano). Gingy es la galletita de gengibre que acompaña a Shrek en sus aventuras y Pi (π) es el nombre con el que bauticé al elefantito azul de PHP (lenguaje de programación). Pi tiene una historia “internacional”… Cuando yo iba por los cinco meses de embarazo, tuve la oportunidad de viajar a Iguazú con mi esposo, quien iba a dar unas charlas en Latinoware, un evento internacional para los fanáticos de PEAR, MySQL, PHP, Debian, Python, etc. Mayormente, para los seguidores del código libre.
A su regreso de uno de los maratónicos días de charlas y conferencias, mi esposo me comentó que había encontrado a un amigo que vendía peluchitos del elefantito de PHP y que le había pedido que le trajera uno al día siguiente para que se lo vendiera, y así poder obsequiármelo. Al principio, no me llamó mucho la atención la idea, pero he de reconocer que ese elefantito rápidamente se robó mi corazón. Pi es un enano de unos 15cm de altura que llegó a mis brazos en un hotel de carretera, en Iguazú. A partir de esa misma noche, Pi “toma vida” en la voz de Maki.
Así es, como ustedes lo leen: cada noche y cada mañana, mi esposo me saluda cogiendo a Gingy y luego a Pi (o viceversa) y jugamos a que son nuestros hijos. Gingy, por tener forma humana, sí puede hablar; pero Pi, que es un elefantito azul, sólo puede decir “Wiiii… wiii… wiii…”. Es realmente tierno ver a mi esposo haciendo eso para arrancarme una sonrisa o hacerme reír. Son esos pequeños detalles y momentos que te endulzan la vida los que te hacen querer cada vez más al ser amado.
